Escrito por admin
Opinión, Política, Primera plana, Sociedad, Videos
abr 22, 2010
Después de ver el video, más de uno se preguntará que opiniones tendrán los 4.000 trabajadores de viajes Marsans. Seguramente no les harán mucha gracia los comentarios negativos de Don José Miguel Monzón Navarro conocido como ‘El Gran Wyoming’ hacia la empresa en la que trabajan. ¿A ver quién es el guapo que se acerca a las oficinas de Marsans a comprar un billete después de ver este programa?. Como para hacer reír, todo vale, ¡pues ala!, a dar espectáculo destripando al presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, dueño de Viajes Marsans.
No soy amante de la iglesia, soy ateo, ni por supuesto babeo por los grandes empresarios y políticos, más bien me dan envidia sana por su seguridad económica que ya me gustaría para mi, pero esa tirria no me da licencia para insultar, engañar y malmeter. Hay que pensar un poquito en toda la gente que trabaja en estas empresas e instituciones o en los que no piensan como tú, querido Wyoming. Si hoy en día existe crispación política y social es gracias a este tipo de ‘showmans’ que inundan las televisiones.
Os cuento, realmente Viajes Marsans mantiene la venta de billetes de avión pese a la retirada de su licencia por parte de la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), gracias a varios acuerdos alcanzados con compañías como Iberia y British Airways, y a pactos puntuales firmados con Spanair y Vueling.
De esta forma, Viajes Marsans funciona como intermediario entre el cliente y la compañía aérea, por lo que el trámite del billete lo hará el touroperador pero será cobrado por la aerolínea selecionada. Todo ello con la condición de que se formalice el pago mediante tarjeta de crédito. De esta forma la compañía aérea se hace cargo de los hipotéticos problemas que pudiera tener el billete.
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Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
España, Opinión, Primera plana
abr 7, 2010
En España, la sociedad y la cultura tienen una base procedente del antiguo Imperio Romano. Los itálicos nos enseñaron el latín, nos impusieron su arte, sus costumbres…nos romanizaron, algo así como una colonización al estilo retro. Pasaron los siglos y la italianización de nuestra península se diluyó, pero no murió. Ya en el siglo XX volvieron a la carga. Un servidor se declara ferviente admirador de los macarrones, la pizza, la lasaña y los Ferraris. Yo al menos me quedo sólo con eso, que tampoco es bueno perder la identidad nacional.
El caso es que el país transalpino tiene un catálogo de oferta de costumbres para todos los gustos y para todos los estamentos sociales. Para muestra, un botón: Berlusconi. Il Cavaliere es el estandarte de la corrupción, del autoritarismo político y la desfachatez en forma de cargo público. Es el “César” para los pretorianos de Hispania, entre los cuales pudimos encontrar hace años a Mario Máximus Conde o a Luis Trajano Roldán.

Pero estos aprendices del mandatario romano tienen un pequeño fallo: no viven allí. Silvio hace y deshace a su antojo, protagoniza escándalos que en otro país europeo serían motivo de cese, pero los italianos lo mantienen en el poder desde hace bastantes años. En cambio, los pobres corruptos de la trama Gürtel o del Palma Arena han sido descubiertos. Aquellos que pagaban 300 euros por una escobilla del water (de primerísima mano, eso sí) o regalaban trajes por amor incondicional a sus amigos, aquellos que disfrutaban de la cuenta corriente ajena, esos tendrán que pagar.
Pagar por lo menos 3 milloncitos de euros de nada, que es lo que ha conseguido reunir Cayo Jaume Matas en 72 horitas para eludir la prisión.
En conclusión: señores corruptos, ya que se ponen, háganlo bien. Un billete de avión a Pompeya no cuesta mucho. Una escobilla del water de las suyas a cambio y listo. Y allí podrán especular con el terreno que ocupa la ciudad sepultada por el Vesubio, que como está algo chamuscada y tal, los italianos se creerán que un bloque de apartamentos con tarima flotante y solarium lucirá mucho más en la zona. ¡Todos a Barajas a despedirles!
Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
Opinión, Primera plana
abr 6, 2010
Entre 1962 y 1965 tuvo lugar el Concilio Vaticano II, promovido por el Papa Juan XXIII en busca del aggiornamento o puesta al día de la Iglesia. Se buscaba introducir una serie de cambios que “adaptase” la religión Católica a las nuevas necesidades de aquella época, cambios que básicamente buscaban ganar (o no perder) fieles.
Por aquel entonces Sara Montiel era una actriz que traía de cabeza a los varones contemporáneos; una televisión era un aparato clasificado como artículo de lujo en la mayoría de los hogares españoles y en éstos habitualmente había familias con un gran número de hijos. Es decir, en 40 años la vida ha cambiado. Y mucho.
Hoy en día, cualquiera que “ose” decir en público que va a misa los domingos, al menos entre la juventud, puede ser calificado al instante como raro. Los jóvenes actuales no quieren inmiscuirse en esos temas, lo consideran aburrido y anticuado.

Por supuesto, estoy generalizando. De hecho, hace poco tuve una conversación con un buen amigo que habla con orgullo de su devoción y del cumplimiento de los mandatos eclesiásticos. Pero, como persona perteneciente al siglo XXI, en ocasiones me daba la razón al afirmarle que hoy en día es prácticamente imposible cumplir al cien por cien absolutamente todas las “restricciones” de la Iglesia. Él no lleva esas normas a rajatabla, pero es tan cristiano como el que más. Doy fe.
También me comentaba que de un tiempo a esta parte hay una especie de corriente contra la Iglesia. Como una especie de Inquisición “light” en el sentido opuesto. Abundan los programas de televisión donde los comentarios jocosos e hirientes contra la religión mayoritaria en España se lanzan como dardos envenenados provocando, seguro, más de un cabreo.
Un tema tan delicado como los abusos a niños por parte de algunos malnacidos con alzacuellos no puede utilizarse en un programa de humor. No debe utilizarse para atacar frontalmente a la Iglesia siguiendo la línea que, como dijo mi amigo, se realiza desde hace años. Generalizar en estos temas es peligroso; se lapida a toda una gran masa de personas por culpa de una pequeña minoría de degenerados, y eso, si se me permite la exagerada comparación, me recuerda un poco a la propaganda nazi de preguerra. Dentro de este combate, los sacerdotes y monjas de barrio, los que sí viven sus votos como Dios manda (nunca mejor dicho), están situados en primera linea de batalla y son los primeros en caer, cuando realmente son los que hacen posible que para muchos ir a su parroquia habitual tenga sentido.
Y en esta guerra anticlerical el Vaticano no mueve ficha. Incluso se permite el lujo de lanzar desafortunados comentarios que no hacen sino hundir un poquito más los cimientos de la Basílica de San Pedro, en vez de llevar a cabo un nuevo AGGIORNAMENTO.
Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
Extremadura, Opinión, Primera plana
mar 18, 2010
Desde que tengo uso de razón, recuerdo a mi madre diciendo: “como te metas en política, me das un disgusto muy grande”. Y yo me decía a mí mismo: “jolín, con la pasta que ganan y lo bien que viven…¿por qué no? ¡De eso se trata, de vivir bien!”
Supongo que mi santa mentora hacía referencia a la ausencia relativa de valores entre los políticos. Muchos de los dirigentes nacionales, autonómicos, provinciales y locales carecen de la perspectiva humana que les haga pensar en sus representados, en los que de verdad sí notan la subida de un impuesto, o los que sí notan que en su casa hay escasez porque no hay trabajo.
Tras muchos meses de crisis, recesión, aumento del paro y todos esos tormentos en los que vive España, se empiezan a oir (precisamente ahora) algunas frases y decisiones con algo de cordura. Pero hasta ahora…no se han visto más que conversaciones descontextualizadas y acciones que más que otra cosa pretenden ser cortinas de humo.

Fernández Vara, presidente de la Junta, dijo ayer que los recortes en altos cargos seguirán hasta donde haga falta, y es una medida que no se tendría que tomar ahora. Me explico: un recorte presupuestario en este momento viene dado por un exceso de gasto desde hace años, un vicio que Extremadura (y otras comunidades) han practicado a diestro y siniestro.
Es cierto que cada uno, en su trabajo, hace lo posible por racanear unas “pelillas”, por estar lo más cómodo posible, por beneficiarse lo máximo que se pueda…pero un político representa un grupo de personas de todo tipo, y si vivimos en una de las regiones más pobres del país no se puede mantener un gasto público equiparable a una zona rica.
Señor Vara, hace bien usted al sacar la tijera. Pero le invito a tomarse un café con alguno de sus colegas de partido y tratar una serie de temas, más que nada por la defensa de los “valores socialistas” y la igualdad de opinión entre los miembros del mismo partido.
Porque, y vaya si es curioso, desde Madrid nos llegan noticias amargas. La subida del IVA, por ejemplo. ¿Por qué ahora? El Estado necesita liquidez. Vale, yo también. Y el resto de los españoles. Ayer sacamos una noticia cuyo titular decía que ” el treinta y pico por ciento de los hogares llegan con dificultad, si es que llegan, a final de mes”. Pues ale, a ver si el año que viene llegamos al 40 o al 50 por cien. Porque está claro que si suben el impuesto presente en todos los productos, subirá el precio de todos los productos. La comida, la gasolina, el teléfono, etcétera. Y volvemos a lo de siempre: los precios suben, las empresas ganan menos (mejor dicho, pierden más) y no hay liquidez para sacar del paro a uno de los 4 millones de desempleados de nuestra próspera nación.
Es la pescadilla que se muerde la cola. El Estado necesita liquidez, repito. Pero…¿y las pensiones de los diputados, por ejemplo? ¿No se eliminan-recortan? ¿Y los despachos ultra lujosos? Señores dirigentes, IKEA no tiene madera de ébano en su catálogo, pero ahorra un dinerillo…
Sospecho que ninguno de los colegas de partido de Vara ( y del resto de partidos) en el Congreso van a tener dificultad a la hora de cuadrar las cuentas en las próximas décadas. Bueno, tal vez sí, porque los Audis y los BMW tienen un coste de mantenimiento muy alto, y…¡el césped y los setos del jardín del chalet no se cortan solos!
Mamá, te entiendo perfectamente. ¡Pero déjame ser futbolista!
Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
Noticias en Realidad Virtual, Opinión
mar 11, 2010
¡Ha salido el sol! Los irritantes niños que cantaban el “que sí, que no, que caiga un chaparrón con azúcar y turrón” (nunca entendí esto último) deben haberse callado por fín. Sus padres deberían mandarles YA a estudiar inglés a Escocia. O a Australia, que está más lejos.
Cuando muchos pensábamos que Extremadura se había convertido en una extensión de Galicia en cuanto al clima, nuestro querido astro rey ha salido de su particular hibernación para calentar un poco nuestras mojadas testas. Ahora sí que los pajaritos cantan, no como en la cancioncita de marras a la que hacía referencia más arriba, porque por lo menos yo no he escuchado a ninguno piar durante los acuosos meses que hemos pasado.
Mientras tanto, hemos vuelto a ver una Extremadura nevada, pantanos llenos hasta la bandera, charcos en todas partes, y riachuelos (arroyos, mejor dicho) surcando el campo donde hasta diciembre sólo había tierra seca o como mucho agua enfangada. Eso está muy bien y era necesario. Pero…el encargado de cerrar el grifo ahí arriba se fue a por tabaco y no volvió, y también hemos tenido que ver escenas lamentables como inundaciones, casas anegadas, corrimientos de tierra, carreteras impracticables…
¿Ya se puede cantar victoria y despedir el mal tiempo? La verdad es que no quiero ni mirar la predicción, porque siempre que lo hago veo cómo España es escenario de la lucha de varias borrascas asesinas que luchan entre sí para conservar su hegemonía en la península.
Uno de los pajarillos que ahora no paran de hablar entre sí me ha comentado que el fin de semana que llega la ansiada primavera lloverá otro poco, así que todavía no se puede uno poner el bikini. ¡Cachis..!
Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
Opinión, Primera plana
feb 22, 2010
Hace ya tiempo que vengo escuchando “el tiempo está loco” o “este clima no es normal”. Pero aunque tengo una memoria de pez en estado comatoso, creo recordar que siempre ha sido así. Todos los años pasamos etapas de frío en meses a priori calurosos y al revés, así que no me resulta extraño el tiempo que tenemos últimamente.
El verano pasado leí en periódicos de postín que este invierno sería el más seco y caluroso de la década…La alarma se activaba, salían a la luz estudios de empresas de gran reputación que afirmaban que las íbamos a pasar canutas y nos tendríamos que duchar una vez a la semana, hacer las sopas sin agua y beber los cubatas sin hielo.
¿Qué ha pasado? Ha nevado donde hace años no caía ni granizo, ha caído tanto líquido elemento que el paisaje extremeño se ha diluido en pro de los embalses de la región, que han registrado máximos históricos de llenado. El grajo ya no vuela bajo, sino que camina a paso ligero por las aceras, han salido florecitas hasta por debajo de las macetas, mi coche por fin puede lucir su color original de lo limpito que lo ha dejado la lluvia, y la industria paragüera ha salido de la crisis de un salto.Y encima ahora hay que cambiar el refranero español, tan sabio: “En abril, diciembre, enero, febrero y ¿marzo?, aguas mil”.

El pasado 9 de diciembre de 2009, el secretario de Estado de Agua, Josep Puxeu, afirmaba lo siguiente: “Ya se está viendo. Lo tenemos claro. Sin alarmismos, pero hay menos agua” (…) “Esperar a que llueva es cada día más difícil, porque en este país no sabe llover”. Bien previsto, señor Puxeu.
Vale, también es cierto que puede que este diluvio universal permanente sea pasajero y dentro de unos pocos años estemos con cortes en el suministro, pero las estimaciones de hace sólo 3 meses son más erróneas que el rotundo “¿Crisis? No hay crisis” de Zapatero.
Y lo más tremendista de todo es lo que venimos oyendo desde hace pocos años: el cambio climático. Bien, no puedo negar que hay que contaminar menos y hacer las industrias y los coches mucho más eficientes, buscar energías alternativas y concienciar a la gente del ahorro en general. Pero los que se empeñan en decir que si llueve más es porque el cambio climático ya está haciendo de las suyas…me parece una afirmación un poco arriesgada. No hay más que preguntar en un “hogar del pensionista” cualquiera para escuchar que hace años también hubo una racha de lluvias casi continuas, épocas de sequía devastadora y un miedo generalizado (y esto lo recuerdo yo) por el agujero de la capa de ozono. Ya se ha cerrado, por cierto.
Conclusión: ¿estamos viviendo un cambio climático que nos hará desaparecer como los dinosaurios? ¿Nos desharemos con tanta agua si sigue lloviendo así? ¿La frontera con Portugal se convertirá en la playa que los extremeños añoramos?
Como se puede ver…¡no todo son malas noticias!
Escrito por admin
Fiestas, Noticias en Realidad Virtual, Opinión
feb 13, 2010
23 comparsas infantiles han desfilado esta tarde por las calles de Badajoz. 17 de la capital pacense, dos de Gévora, una de Puebla de la Calzada, una de Montijo y otra de Guadiana. A ritmo de tambor y silbato sacan a los pacenses de sus casas y liberan el carnaval del teatro López de Ayala, que parece ser el único protagonita de la fiesta grande de Badajoz.
El carnaval es mundialmente conocido por la mezcla de disfraces, desfiles, fiesta y calle. Todos tenemos la imagen de los desfiles a ritmo de samba de Rio de Janeiro; los disfraces y máscaras exquisitas de Venecia; las reinas que empujan como zombis con sonrisa de “Joker” sus pavorosos trajes con ruedas en Canarias y Cádiz se rie con sus ácidas murgas. En cambio Badajoz a “carnivalizado” el caditano, cual OTI a Eurovisión. Quizás Badajoz no tiene un Carnaval único, pero hoy demuestra que su carnaval es grande con toda su gente disfrazada en la calle mezclando feos y guapos, pobres y rico, ahora solo hace falta perfilarlo.
Badajoz ¡Felices fiestas! ya sea con murgas, comparsas, desfiles o disfraces, ¡lo vais a pasar en grande!
Carlos Izquierdo
Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
Opinión, Primera plana
feb 12, 2010
La Jeni, la Jessi, er Maikel y er Kevin son amigos. Compartieron clase hasta 4º de la ESO. Bueno, esto último es relativo, porque en horario escolar han pedido más cafés que turnos para hablar en un debate en clase.
Ahora con 19 años viven estupendamente, según ellos. Ya no estudian (es aburrido y no vale para nada) y no trabajan porque todo lo que necesitan es proporcionado por papi y mami. Pero tampoco tienen ganas de que la situación cambie, ¿eh? Que así se está muy agustito…
¿Por qué ocurre esto? En el anuncio de un programa de la Sexta, que encierra a unos cuantos de estos angelitos a ver qué pasa, me llamó la atención uno que afirmaba lo siguiente: “Poosss…yo puedo estar pa ahí unos cuantos días de farra y sin avisar, que mis viejos no me dicen naa…”
Casos como los de este colega se ven a porrillo, y no hay que ser muy avispado para darse cuenta de que el problema está en los padres, en su falta de disciplina y en su retirada a la hora de enfrentar un escollo. Los niños no nacen sabiendo y suelen absorber los malos hábitos que hay a su alrededor, pero ahí es donde los padres tienen que ejercer su papel.
Resulta que, según los que han analizado el tema, en los últimos años ha proliferado la gente como la Jessi o er Maikel, y lo cierto es que ahora te los encuentras por todas partes. No tienen proyectos en el futuro (aparte de la fiesta del viernes de er Kevin), y no saben qué será de ellos dentro de 30 años, aunque no es algo que les quite el sueño; prefieren vivir el presente lo mejor posible, luego ya veremos.

Una de sus señas de identidad son las motos sin tubo de escape y los coches con las ventanillas abiertas en invierno, para que todo el mundo sepa cuán hortera es su música y cuántos watios tiene su “loro”. Pero no les preguntes por algo que se escape de su entorno. La Franja de Gaza y el Acrópolis de Atenas son dos bares donde sirven unas macetas de kalimocho que flipas. ¡Y a tres euros! ¡Más barato que en el Pub Caso Gürtel!
Dicen que la crisis ha hecho mella en la juventud, incapaz de encontrar un trabajo después de haber terminado sus estudios obligatorios, viéndose entonces sin posibilidad de salir del hogar paterno. Ahora bien, esto es una crisis económica tremenda, no la posguerra que vivieron nuestros mayores, así que si un chaval de 20 años quiere sacarse su dinero trabajando lo hace. Posiblemente sea un empleo precario y poco remunerado, pero…
En cambio, los integrantes del club al que hoy nos referimos no quieren hacer nada de provecho, directamente. Su escala de valores suele distar mucho de lo moralmente aceptable, y para algunos de ellos un buen canuto provoca más placer que un libro. El papel adquiere otro significado diferente en sus vidas.
Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
Opinión, Primera plana
feb 5, 2010
Un anuncio en la televisión me ha hecho reflexionar: se trata de una señorita que duda entre comprarse unos zapatitos muy cucos o viajar a la ciudad eterna. Dialoga con su conciencia, calcula, frunce el ceño… ¡A Roma con calzado nuevo de Moschino!
Qué maja ella. Mis zapatillas, que en otra época fueron blancas, aguantarán otro lustro y no pisarán más allá de la Ciudad Encantada, provincia de Cuenca. Y eso con suerte, que la gasolina está muy cara y allí habrá que tomarse un café, al menos.
Visto lo visto, esta chica vive en el año 2006, cuando la cartera no estaba llena, pero ni mucho menos vacía. Los concesionarios eran el negocio redondo y las agencias de viajes hacían su agosto en noviembre, por ejemplo. La preocupación nacional era el terrorismo, pero no la economía ni las tasas de paro como ha dicho ahora el CIS, y cenábamos fuera de casa sin remordimiento de conciencia. A la novia le decías: “¿Alquilamos un pisito para los dos?” Y ella respondía: “Qué narices, lo compramos”. El banco no te iba a poner problema; sólo tenías que asomarte a la ventana y salía raudo un comercial sonriente ofreciéndote una hipoteca, dos préstamos y una consola de videojuegos para que te distraigas.

Ahora, en cambio, quien más y quien menos sólo contempla las ofertas más económicas del burguer más cercano si es que osa cenar fuera, el dichoso coche a duras penas anda con veintisiete averías, la novia sue fue y ahora vive con cuatro compañeras de piso, y el comercial del banco te mira de reojo no vaya a ser que le robes los caramelos o el boli. El ahorro está de moda y se adueña de nuestras vidas poco a poco como un gatito que acecha un gorrión.
Pero hay que ver el lado positivo. En la época de bonanza derrochábamos. Vivíamos casi por encima de nuestras posibilidades sin pensar en las vacas flacas, ignorando por aquel entonces que el ganado bovino puede llegar a ser famélico y morir de inanición. ¿Cuántas veces hemos escuchado los relatos de la vida de nuestros mayores? Nos decían que ellos pasaban los años con el cinturón apretado hasta el máximo, que sólo el médico del pueblo tenía un coche, y que la playa la habían visto por primera vez cuando han tenido nietos.
Y ahora, justo ahora, nos meten en el cuerpo el miedo de la jubilación. Es decir, el miedo a jubilarse y tener que vivir con una pensión irrisoria. ¿Consejo del Gobierno? Ahorrar (y trabajar un par de añitos más, claro). Por una vez van a tener razón y deberíamos comprar una hucha…que luego pasa lo que pasa.
Escrito por Carlos Arroyo Herguedas
Opinión, Primera plana
feb 3, 2010
Qué bueno es tomarse un café en un bar a primera hora de la mañana, remover despacio el azúcar y poner un poco de atención en las conversaciones de los vecinos de barra. De esta manera, uno se entera del tema de conversación del día.
Hoy, por ejemplo, antes incluso de beber el primer sorbo, un diálogo muy aireado llamó rápido mi atención. Se trataba de dos amigos que discutían sobre si era bueno o no jubilarse más tarde de los 65 años. El más tranquilo sonreía con malicia y se enorgullecía de su pensión de prejubilado de Telefónica, que disfrutaba desde los 55. Su amigo, indignado, mantenía que por su condición de autónomo tendría que trabajar hasta que su cuerpo aguantara, cobrando después una prestación mínima, a pesar de haber generado más dinero para el Estado que un trabajador de la compañía de teléfonos.
El caso es que el camarero del bar salió al quite. Él defendía la nueva medida que el Gobierno aprobará, ya que dentro de 30 años, como indica el estudio del INE, la generación jubilada será mucho más numerosa que la actual y no habrá dinero para pagarnos a todos. Por lo tanto, veía justo y necesario alargar hasta los 67 la edad para jubilarse.

Pero el terremoto llegó con una señora que en principio escuchaba la conversación desde la barrera, como yo. Al parecer, era enfermera, de unos cincuenta y tantos. Como si le fuera la vida en ello, le explicó al camarero que en su profesión no pueden alargar la edad de jubilación por el bien de los trabajadores y el de los pacientes. No es lo mismo la resistencia física de una enfermera joven de 40 años que la de una señora pre anciana de 67. Ni el pulso es el adecuado (por ejemplo, al poner una vía), ni las piernas aguantan todo el día de pie, ni los horarios son los adecuados a según qué edades. Y, para más inri, ponía el ejemplo de su marido, que es camionero, defendiendo del mismo modo que ya no ve igual ni aguanta fresco un viaje como antes, siendo un posible peligro para él y para el resto de conductores el tener que trabajar hasta casi los 70 con las mismas condiciones laborales que un “chaval” de 30.
Termino el poco café que me queda y salgo del bar, y creo llegar a la conclusión de que todos tienen razón. Quizás sea bueno alargar la edad de jubilación para poder retirarnos con comodidad. O eso o cobramos menos. Yo particularmente prefiero trabajar dos años más, soy un pesetero. Aunque se debería mirar en qué casos es peor el remedio que la enfermedad.